EL HAMPA SEVILLANO EN EL S. XVI
El
hampa sevillano en el siglo XVI se dividía en dos grupos, vagabundos y mendigos
y criminales profesionales. Allá por el 1597 el conde de Puñonrostro con el
objeto de reducir el número de mendigos de la ciudad, ordena que se presenten
en el hospital de la Sangre, donde acuden cerca de tres mil almas, entre
hombres y mujeres. El grupo más peligroso era, sin duda, el de los criminales
profesionales, entre los que había asesinos a sueldo y matones.
El
hampa era sobre todo ladrona, se robaba todo tipo de cosas y sobretodo comida, el
hambre estaba presente en toda la ciudad. Había cortabolsas, capeadores, grumetes, duendes, todos astutos rateros que robaban comida en los puestos y
a los transeúntes; también estaban los devotos,
que robaban las ropas y enseres de las imágenes religiosas; los ondeadores y avispones, que se dedicaban a informar del mejor sitio para robar;
los polinches, que introducían a los
ladrones como criados al servicio de una casa para después desvalijarla; los pulidores, que eran los que vendían la mercancía
robada y los arrendadores que se la compraban a bajo precio.
Para
todos estos maleantes, la cárcel no constituía ningún lugar desconocido y
terrible, más bien al contrario, se calcula que la cárcel de Sevilla albergaba
a más de 1.350 almas. Pues bien, todos estos delincuentes se articulaban
alrededor de una hermandad propia, a modo de gremio de artesanos o mercaderes, con
sus reglas y jerarquización de niveles, con aprendices y maestros. También
tenían su propio código de honor que era respetado, nadie delataba a nadie, y
si entraban en prisión contaban con dinero necesario para llevar una vida
relajada.
Enrique García Becerra. Presidente de la Asociación Cultural Amigos de la Historia de Sevilla.
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