Nuestra Asociación

En la ciudad de Sevilla, el día 11 de enero de 1999 y con la denominación de Asociación Cultural AMIGOS DE LA HISTORIA DE SEVILLA, se constituye nuestra Asociación, sin ánimo de lucro, dotada de personalidad jurídica propia y con plena capacidad de obrar, al amparo de lo previsto en el art. 22 de la Constitución, lo establecido en la Ley de Asociaciones 191/64 de 24 de diciembre, normas complementarias del Decreto 1140/65 de 20 de mayo, Real Decreto 304/85 de 6 de febrero y demás disposiciones legales.

martes, 13 de agosto de 2019

EL HAMPA EN SEVILLA



EL HAMPA SEVILLANO EN EL S. XVI

El hampa sevillano en el siglo XVI se dividía en dos grupos, vagabundos y mendigos y criminales profesionales. Allá por el 1597 el conde de Puñonrostro con el objeto de reducir el número de mendigos de la ciudad, ordena que se presenten en el hospital de la Sangre, donde acuden cerca de tres mil almas, entre hombres y mujeres. El grupo más peligroso era, sin duda, el de los criminales profesionales, entre los que había asesinos a sueldo y matones.

El hampa era sobre todo ladrona, se robaba todo tipo de cosas y sobretodo comida, el hambre estaba presente en toda la ciudad. Había cortabolsas, capeadores, grumetes, duendes, todos astutos rateros que robaban comida en los puestos y a los transeúntes; también estaban los devotos, que robaban las ropas y enseres de las imágenes religiosas; los ondeadores y avispones, que se dedicaban a informar del mejor sitio para robar; los polinches, que introducían a los ladrones como criados al servicio de una casa para después desvalijarla; los pulidores, que eran los que vendían la mercancía robada y los arrendadores que se la compraban a bajo precio.  

Para todos estos maleantes, la cárcel no constituía ningún lugar desconocido y terrible, más bien al contrario, se calcula que la cárcel de Sevilla albergaba a más de 1.350 almas. Pues bien, todos estos delincuentes se articulaban alrededor de una hermandad propia, a modo de gremio de artesanos o mercaderes, con sus reglas y jerarquización de niveles, con aprendices y maestros. También tenían su propio código de honor que era respetado, nadie delataba a nadie, y si entraban en prisión contaban con dinero necesario para llevar una vida relajada.
Enrique García Becerra.  Presidente de la Asociación Cultural Amigos de la Historia de Sevilla.